sábado, 13 de marzo de 2010

6ª Feria de la Magdalena: "Le grand Castella"




Informa: Patricia Rodríguez
Fotos: Antonio Casado www.burladero.com


Castella es grande y no lo digo por el retrato de Fernando Botero para su encerrona en Nimes. Otro gesto de grandeza, por cierto. Él es grande en sí, sin adornos que distraigan la atención del respetable de su toreo sincero y templado. Ayer en Castellón vimos ese toreo en la tarde en la que más estrellas brillaban sobre el albero. Estrellas que, sin embargo, perdieron fuerza por el resultado de tres de los cuatro toros de Vegahermosa y de uno de los dos Jandillas. Cuatro de seis. Hagan sus cuentas.


Mientras intentaba acordarme de lo poco de francés que aprendí hace unos años Castella desplegó el capote y recibió a “Fiero” de Vegahermosa con gustosas verónicas y lo quitó por chicuelinas en los medios. Inició faena con cuatro estatuarios en la ralla de picar y siguió por la derecha, el pitón de más calidad del animal. Tres manoletinas fueron la antesala de un estoconazo que tan sólo fue premiado con una oreja.

Respondió Miguel Ángel Perera en el tercero de la tarde, un noble toro de Jandilla de 540 kilos. Se hubiera llevado una oreja, o dos, pero la-s perdió por los aceros. Sin embargó, sobre el albero estuvo a la altura del diestro galo con una faena fundamentada por la derecha de menos a más. Remató con cuatro pases en redondo que arrancaron la ovación del respetable.

Volvió a salir el de Beziers cuando yo tan sólo había conseguido recordar las nociones básicas de su idioma nativo… El de Vegahermosa salió con brío de los chiqueros y Sebastián lo asentó llevándolo por abajo, pero el toro mostró su escasez de fuerzas. Recibió al morlaco en los medios con un pase cambiado por la espalda y a pesar del poco toro que tenía le sacó jugo por la derecha hasta que el animal dijo basta. Pinchó en la suerte suprema.

Dispuesto a darle réplica salió el de la Puebla de Prior pero el sexto de Jandilla quería acabar pronto con la fiesta; tanto que a punto estuvo de mandar a la enfermería al torero que siguió muleta en mano a pesar del visible dolor. Una oreja fue una recompensa a su disposición.

Me pregunto por qué el lote de Morante no se impregnó con su arte. El maestro salió dispuesto a formar un lío pero ninguno de sus dos oponentes le dejó formarlo. El primero no iba ni cara el aire y aún así Morante dejó sus pinceladas. Con el cuarto se entregó con las verónicas y abrevió, el toro no quería ni guerra.

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