domingo, 25 de octubre de 2015

Crónica del encierro con toros de Los Ronceles Fira d'Onda: Corazón de mimbre

Informa: Patricia Rodríguez
Se pararon los corazones y, sin embargo, la carrera siguió adelante. El tercer y último encierro de la Fira d'Onda 2015, con toros de Los Ronceles, fue peligroso de principio a fin. 777 metros que pusieron a prueba la tensión de los asistentes y la destreza de los miles de corredores que ayer pisaron asfalto.
A las 12.00 horas sonó la tercera carcasa. Los que entonces se encontraban dentro del recorrido fueron conscientes de que no había marcha atrás. Los que seguían el acto en cadafals, barreras o desde la pequeña pantalla no sabían que les tocaría sufrir. O, al menos, no tanto desde que les abrieron la puerta de corrales a los seis toros financiados por el Consell de Festes.
Los cabestros arroparon a los astados por el camí Castelló, mientras uno de ellos intentaba tomar la delantera por la derecha. La torada se estiró a su paso por la Safona y enfiló la calle San Miguel con tres ejemplares por delante ocupando en línea recta todo el ancho de la calle, lo que creó momentos de peligro como el registrado detrás del Ayuntamiento. Sus hermanos les siguieron más hermanados a metros de distancia.
Con cuatro toros por delante y dos por detrás se situaron los corredores al final de la calle del Carme. A algunos les faltaba la respiración al pensar qué pasaría en la curva de Cervantes y en Ecce-Homo, ayer copada de aficionados con domicilios en todos los puntos de España en su DNI. La velocidad de la manada, con cinco astados por delante y uno por detrás, provocó numerosas caídas, por suerte sin consecuencias.
Pero el momento más tenso tuvo lugar en la zona del Plà, cuando uno de los animales enganchó a un aficionado por la camiseta y lo arrastró por toda la arena mientras los corredores les guiaban hacia el Raval, en el que también hubieron numerosas caídas a su llegada a 1'43'' después de salir. El portón de corrales cerró segundos después, a los 2'03'', y los corazones volvieron a latir antes de partirse. Más rápido de lo normal, eso sí. Un ritmo que se normalizó al conocer que el parte de heridos estaba limpio de heridos por asta. 
* La noticia en el Periódico Mediterráneo:
*La galería de Torodigital:

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