viernes, 24 de mayo de 2013

5ª tarde Feria Taurina de Santa Quiteria (Almassora): Las cosas del corazón... taurino



Informa: Patricia Rodríguez
Foto: www.elperiodicomediterraneo.com (Paco Poyato) 


Las cosas no siempre son como uno quisiera que fueran. En los toros pasa muchas veces como en el tema sentimental, que por mucho que uno quiera si el otro no está dispuesto apaga y vámonos. Y si uno se resiste a resignarse le puede pasar como a José Laparra, el expresidente del CD Castellón –el mismo que llevó al club a la ruina, dicho sea de paso-, que dicen pagó 165.000 euros a una pitonisa por un conjuro de amor. No, no funcionó. Pero eso ya es otra historia escrita en las páginas de ‘Sucesos’.

No salieron ayer las cosas en la Vila de Almassora como hubieran querido las peñas patrocinadoras y los aficionados. Y eso que dicen que no hay quinto malo, en este caso quinta. Abrió la quinta de la Feria Taurina de Santa Quiteria un astado de Arucci en La Picaora que no le echó cuentas al rodador que lo esperaba frente al cajón cuál pretendiente que espera en el portal. Pero “Flor de Jara”, marcado con el número 51, resultó ser un egocéntrico y decidió ser el centro de atención, sin más, ante el tendido de sus patrocinadores Numereu-vos, Caldera, Les Dos, Flota-fil, Siret, Gin-Tónic, Declive y Jerga.

Los de El K-Nut, se encomendaron a la salida del segundo a San Pedro Regalado, patrón de los que se juega la vida delante de un toro. Atendiendo a sus súplicas, el fraile franciscano que paró la embestida del animal tras implorar al cielo protegió a Abel Jiménez que volvió al ruedo para recibir a “Hijuelo”. Sin embargo, el santo no tenía la potestad divina para otorgarle condiciones al Torres Gallego ni para que surgieran mariposas con sus ‘padrinos’ Desfase, Kripta y Posada, que lo siguieron de cerca igual que Ismael Lozano, a la cabeza de los de morado.

Los de El Comboi probaron suerte con San Valentín, que tampoco es que tenga mucha puntería. ¡Para qué engañarnos! Pero a “Andador”, el número 29 de Las Monjas, le gustaba el ‘roneo’ y el ‘dejarse querer’ y dio algunas esperanzas a su paso por las calles del casco antiguo. No en vano, su exhibición tuvo más peso que la de sus antecesores, entrando a los cites que le ejecutaron los rodadores en La Picaora y haciendo creer que allí podía haber algo. “Que piensen lo que quieran”, decía por sus adentros.

En octubre tendrán otra oportunidad para encontrar el amor taurino. Otro, digo. Tropezar no es malo, encariñarse con la piedra sí.

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