lunes, 29 de febrero de 2016

Homenaje a Sergio Delgado (Magdalena 2016): Volver a nacer 40 años después


Informa: Patricia Rodríguez
Foto: Antonio Casado

Uno no elige cuando nace. Tampoco cuando llega al final de su camino. Todo cambiaría si pudiéramos elegir un día para poner inicio y fin a nuestro destino, un momento quizá. Sergio Delgado (28 de febrero de 1976) vino al mundo tal día como ayer. Y 40 años después eligió la misma fecha para volver a nacer como recortador. Privilegios de maestro.
El recortador de Chinchón volvió a su plaza de adopción, Castellón. La de una tierra que le ha dado tanto sobre el ruedo como fuera de él. La su mujer, Aida Badenes, y la de su hijo Sergio. La suya, después de tanto. Ayer un poco más: el renacer tras la grave cogida que sufrió en Logroño en 2014.
Aquel 21 de septiembre un toro truncó sus planes de culminar 21 años de trayectoria como él deseaba. Sin respetar un currículo con 100 concursos ganados, cuatro de ellos como Campeón de España -dos veces subcampeón-, a base de doblar riñones y también meter cadera. Otro toro de nombre "Corcelero", sin embargo, le permitió volver a volver en un homenaje en el que nadie pronunció la palabra despedida. 
El de Olga Jiménez sabía de su historia. Se la debió contar Sergio en una de las visitas previas al 28 de febrero. Y se puso a las órdenes del recortador afincado en Onda desde que salió de chiqueros. Maestro del recorte, Sergio rompió plaza con uno ajustado. Como si 2014 fuera ayer, como si aquella mañana nunca se hubiera dado. Siguió su actuación en solitario al quiebro y repitió ambas suertes en varias ocasiones hasta que invitó a los suyos a compartir las nobles embestidas del animal.
Llamó a "El Peque", que se tiró de rodillas; a "Carpio", que lo voló con un salto invertido; a Pedro Imaz, que lo midió al quiebro; y a Fran, de Santa Eugenia, que se sumó al recorte. Tres madrileños y un zamorano. Viejos conocidos de la afición de Castellón. Compañeros y amigos suyos con los que tantas veces había compartido cartel y plaza hasta que un toro dijo "basta". El domingo él pudo decir: "Uno más".
Con el capote a la verónica y dos medias como remate, Sergio Delgado volvió para irse y también para quedarse. Para decir que la vida sigue dándole la cara al toro, aunque ya no sea con un dorsal en la espalda.
¡Por muchos años más!




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